Amanecer es una lección del universo
que nos enseña que es preciso renacer.
Lo nuevo, amanece.
Lo nuevo, amanece
(Extracto de "Raíces" de Renato Texeira)
Se acaba de informar que sería posible -mediada por Francia- una negociación entre israelíes y palestinos, después de una tregua que no alcanzó a durar tres horas.
¿Es necesario esperar la muerte de decenas de niños para llegar a un alto al fuego por lo demás frágil e incierto?
No puedo borrar de mi retina la foto de los cuerpos de los tres hermanitos palestinos muertos en uno de los bombardeos en Gaza esta semana.
La banalización del dolor a través de la prensa nos ha acostumbrado a coleccionar imágenes como ésta, en nuestra mirada de observadores voyeristas del sufrimiento ajeno. Pero si por una vez los occidentales cerramos los ojos (para volver a ver de verdad), irrumpirá desde el fondo de nuestro inconsciente la voz tronadora de Abraham. Sí, Abraham, el patriarca que nació hace más de cuatro mil años en la legendaria Ur, el que selló una alianza inédita con Dios en Canaán, el ancestro común de todas las religiones monoteístas: el judaísmo, el islamismo y el cristianismo; el que engendró con Sara a Isaac, y con Agar a Ismael. Abraham, padre de Isaac, del que descienden los judíos, y de Ismael, antepasado de los hijos de Mahoma. Voz atávica que clama desde nuestro propio desierto interior. ¿Qué pensará el hombre que tuvo la fe que ningún hombre ha tenido antes y después de él?
Abraham, como un padre desolado, ha visto a sus propios hijos arrancarse los ojos sin tregua, cegados por el atávico "ojo por ojo".
El fanatismo provocador e irresponsable de unos y la prepotencia inmisericorde de otros ante poblaciones civiles "carne de cañón" han difundido a través de los medios una imagen decepcionante del ser humano a los ojos de las nuevas generaciones.
Que no vengan con argumentos geopolíticos, religiosos, históricos, para justificar lo que es sólo odio irracional, odio disfrazado de discurso, pero odio al fin. Al ver este "espectáculo pirotécnico" en la franja de Gaza y en la frontera de Israel es para no creer que pueda haber un Dios al fondo del corazón de estos militares y milicianos en guerra. ¿Acaso el Dios de Abraham no es un Dios de amor? ¿De qué Dios, entonces, estamos hablando? ¿Es que hay un Dios que permite que un suicida reviente con kilos de carga explosiva atada a su propio cuerpo para matar a otros en lugares públicos, sólo porque son otros? ¿Es que a Dios le gustan los muros segregadores, que separan territorios y condenan a poblaciones enteras a la humillación y la miseria? ¿Es que Dios está en la boca del líder de Hamas que promete una venganza devastadora, en la que morirán más inocentes? ¿Es que Dios está en la conciencia del general israelí que ordena bombardear una escuela y blancos donde se sabe que hay niños?
¡Por Dios! Esto no tiene nombre ni cara; esto es la muerte de Dios con todas sus letras, en territorios donde el hombre se encontró por primera vez con el Dios de los monoteísmos. Esto es el desierto que avanza.
Ni los dirigentes palestinos ni los israelíes tienen hoy la autoridad moral para poner fin a este conflicto.
Que renuncien, que reconozcan su estrechez mental y espiritual y que les den la palabra a los anónimos de sus propios pueblos, esos que han sufrido la guerra en sus calles y casas y no detrás de esos juegos de videogame en los que han terminado por convertirse las guerras "posmodernas".
Debe haber muchos, en Israel y Palestina, dispuestos a sentarse en círculo -como lo hacían sus antepasados nómades- para hacer un gesto de grandeza común, que es mucho más que un puro acuerdo de escritorio entre políticos.
Que "acuerden" de verdad: acuerdo viene de "cor", corazón.Y es una palabra emparentada con "recordar": recordar el latido de una sangre común.
Porque al fondo de cada niño asesinado en Gaza es Abraham el que gime, el patriarca que caminó en dirección contraria al exilio y la desesperanza, es el que pierde la esperanza en su propia tierra, que debe demostrar grandeza para volver a llamarse "prometida".
No quiero proyectar
la misma sombra que otros,
ni ir a encender mi luz
en luz ajena
Defiendo mi derecho a ser distinto,
a no pisar la huella del rebaño,
y en lo posible a ser la única ola
que se resiste al ritmo del oleaje
y va a morder la arena de otro modo.
Que nadie más me habite que yo mismo
Yo me niego a sumirme en la jalea
adonde acuden todos a sumirse.
Por Dios, no me molesten:
nunca he pedido que me civilicen
que sean respetadas mi ignorancia,
capaz de ver un sauce en la araucaria,
y mi sabiduría,
que descubre filones en el prójimo.
No se me llegue nadie
con ademán de sierra y de garlopa
e intención de pulirme
y recortar mi ser como una tabla.
Rehuso contemplarme hecho virutas
y ver que mi alma llueve
garúa de aserrín.
No acepto que me invadan carpinteros:
Sólo yo he de medirme y fabricarme.
Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría, fuerza.
Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos e amor, ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.
Ver detrás de las apariencias a tus hijos como los ves Tú mismo, para así poder apreciar lo bueno de cada uno.
Cierra mis oídos a toda calumnia, guarda mi lengua de toda mala palabra, que sólo los pensamientos buenos permanezcan en mi espíritu.
Quiero ser bien intencionado y justo, que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia
Lléname de tu bondad, Señor, y haz que durante este día yo te refleje. Amén
Si una mañana despiertas con ganas de nada,
si ni siquiera te alienta abrir una sola ventana,
no dejes que tu alma se seque,
retoma su antigua esperanza.
Si una tarde cualquiera recorres la estrecha vereda,si respiras profundo y no hueles lo que te rodea,
detente un segundo y suspira,
tu sangre recobra la vida.
Porque siempre hay tiempo para volver a nacer,
siempre hay tiempo para volver a vivir,
siempre hay tiempo para volver a empezar
lo que nunca pudiste terminar.
Si la luna te guiña y no causa en ti la alegría,
ni recuerdos de amores, nostalgias de días mejores,
aprieta la mano en tu pecho,
destruye los malos momentos.
El niño que abolió la esclavitud
Iqbal Masih tenía 4 años cuando su padre lo vendió como esclavo a un fabricante de alfombras. Debía pagar la boda del hijo mayor. Desde entonces Iqbal fue obligado a trabajar hasta 12 horas diarias encadenado a un telar, soportando gritos y golpes.
Cuando tenía 10 años decidió escapar; apoyado por una organización de derechos humanos, logró asistir a la escuela y emprender su lucha contra la esclavitud infantil en Pakistán. Iqbal recibió un premio mundial por su obra, pero en abril de 1995 murió asesinado sin que nadie diera mayores explicaciones.
Mi patria es la alegría.
Ya me circunda su fulgente anillo.
Todo mi ser levanta por bandera
La transparente flor del regocijo.
Eres mi patria, gozo. Eres mi isla…..
Eres mi cielo azul y mi guitarra.
Eres mi voz, que surge de la tierra
Florecida de trinos y campanas
Patria de la sonrisa, soy tu hijo:
Pon en mis sienes sol de mediodía.
He de quedarme en tus dorados valles
A vendimiar las uvas de la dicha.
Yo andaba lejos de las alboradas,
En un país teñido de crepúsculos.
Hoy vuelvo a tus parcelas luminosas.
Para embriagarme de color y aroma.
¡y en tus parvas, los hijos de mis hijos
Jugaran con celestes mariposas.